La máquina definitiva de la era clásica, llevada al límite por Giacomo Agostini. Su motor tricilíndrico y su refinamiento mecánico representaban la cúspide del motociclismo europeo antes de la llegada masiva de Japón. Era elegante, precisa y extremadamente fiable en comparación con sus rivales.
La moto que consolidó la revolución iniciada por Kenny Roberts. Ligera, potente y con una entrega de potencia agresiva, estrenó el chasis de aluminio en Yamaha y obligó a rediseñar el estilo de pilotaje explotando al máximo el concepto de derrapaje controlado.
Una bestia indomable en sus primeras versiones, que solo pilotos excepcionales como Freddie Spencer lograron domesticar. Su brutal entrega de potencia V4 y su radical arquitectura la convirtieron en una de las motos más temidas y respetadas de la parrilla de 500cc.
Equilibrio perfecto entre potencia y control, esta evolución con basculante curvo tipo 'banana' permitió a Eddie Lawson lograr uno de los campeonatos más memorables de la década. Su estabilidad en curva y precisión de chasis marcaron un salto cualitativo para Yamaha.
Perfeccionada hasta el extremo para adaptarse al estilo de Mick Doohan, esta versión con freno trasero de pulgar y motor Big Bang dominó con puño de hierro. Era rápida, temible y demoledoramente constante, aplastando a la competencia durante un lustro entero.
Ligera, ágil y extremadamente competitiva, fue la legendaria montura de Kevin Schwantz. Con el mítico dorsal 34, destacaba por su demoledor paso por curva y capacidad para frenar hasta la cocina contra las potentes Honda y Yamaha.
Diseñada para la precisión quirúrgica de Wayne Rainey, esta moto destacaba por su prodigiosa estabilidad en curva y su nobleza de chasis. Bajo la dirección de Kenny Roberts, fue el instrumento perfecto para sumar tres coronas mundiales consecutivas en 500cc.
El inicio de la era de MotoGP trajo esta obra maestra tecnológica de HRC. Con un innovador motor V5, permitió a Valentino Rossi dominar con aplastante autoridad ganando 11 carreras en su año de debut. Su equilibrio entre potencia y manejabilidad redefinió la categoría reina.
El misil de Borgo Panigale que cambió las reglas del juego al inaugurarse la era de 800cc en MotoGP. Llevada al límite por el pilotaje sobrehumano de Casey Stoner, su demoledora aceleración y velocidad punta obligaron a replantear la aerodinámica y la electrónica en todo el campeonato.